Me encantó leer, de la fuente original, qué es yoga, para qué sirve, qué se debe hacer para tener una buena práctica, los diferentes mudras, vayus, kriyas, asanas, cómo se hacen y para qué sirve cada uno… Me queda claro que el yoga es el mismo en todas partes, y que el gran mérito de Krisnamacharya fue el haber recopilado de todos los textos antiguos TODO lo que constituye esta práctica (meditación, pranayama, asana), y después haberlo puesto al servicio de la humanidad. No sólo la intención fue admirable, sino también el modo en el que lo puso en práctica: haciéndolo relevante para una gran cantidad de personas del mundo moderno (el mundo moderno de entonces y de ahora), sin que la práctica perdiera su sentido o su poder de sanación. Enseñando a personas con diferentes necesidades y capacidades, que luego hicieron suya la práctica, y a su vez la transmitieron a una gran variedad de alumnos… tanto camino recorrido, y todavía reconocible al 100%, como se desprende también del artículo de Fernado Pagés.
Esto último me parece algo muy importante como maestros de yoga: hasta qué punto estamos dispuestos a comprometer (o no) el sentido de lo que practicamos, en razón del entorno en el nos toque estar. De verdad estamos decididos a no hacer del yoga una clase de cardio, aún si damos clases en un gimnasio? Qué tan importante es cantar el OM, ya para no hablar de mil otros mantras? En dónde, exactamente, está la esencia del yoga, y qué tenemos que hacer en el día con día para no perderla, para transmitirla lo más fielmente posible? Cómo se hace esto, y al mismo tiempo se conserva a los alumnos?
Pienso que éstas son preguntas personales, y que cómo en el tema de la alineación en las asanas, podremos encontrar la respuesta en nuestras propias experiencias, en la práctica que hayamos tenido y sigamos teniendo, en los maestros con los que estudiamos y a los que consciente o inconscientemente imitamos. Creo que aquí, como en todo lo demás, es el maestro interno quién nos dice cómo administrar lo que sabemos en función de los alumnos que tengamos enfrente; el chiste está, creo yo, en formar bien a este maestro interno, en desarrollar un criterio que sea propio, pero que sea también congruente. Y al final del día, en aprender de los errores… que si de algo podemos estar seguros en este camino, es que no nos faltarán.
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