Tantra, electromagnetismo y Kriya Yoga

                                                               Tantra, electromagnetismo y Kriya Yoga

                                                                         Por Aurora Mendoza Borunda


¿De qué manera se relacionan Michael Faraday y el Kama-sutra? Pareciera –en primera instancia– apenas un mero improperio de mal gusto que, empero, verá un discutible y no tajante desvelo en las siguientes líneas.

     En ciernes de la sedición ideológica de la presente era y sus desaforismos con finta de verdades últimas, no me resta más que darle cabida a una aproximación o, mejor sea dicho, a una inferencia cuasi-lógica basada en premisas esotéricas cuyo axioma primordial será –como lo ha sido siempre (?)– el cuerpo. Baste haber nacido en (con) y de uno para hacer de éste el mayor vehículo e instrumento a partir del cual evaluar, experimentar y, con suerte, curvar el consenso de samskaras llamado realidad.

     De modo que nada es concluyente en un mundo mutable (mutante), hela aquí la gran encrucijada del lenguaje: reconocer la dicotomía de lo inconmensurable y de lo apañableseparada-unida por la consciencia de su punto de desborde. ¿Es citta en sí misma la intersección de la fenomenología y del observador inobservado?, ¿existe la energía sin el voyerista degustando sus múltiples manifestaciones?, ¿es el cuerpo la barrera a trascender o el único medio para la liberación?


Chamanismo y ascetas en el Himalaya

     Aquella manía de depurar las elucubraciones dogmáticas, estilizarlas y rayar en lo poético, tiende a descoyuntarse en laudatorias argucias proclives a esquivar la naturaleza humana más inmediata como intuitiva, i.e., tiende a negar la propia corporeidad en pos del conocimiento que valora más elevado.

     Es en tal contexto que los anacoretas del subcontinente indio, tierra de ostentoso sincretismo religioso, se replegaron a la austeridad de las montañas, lejos de la tiranía de la línea de pensamiento védico y su sistema de castas. Antes de la Era Común, florecía ya –paralelamente– un movimiento no brahmánico del cual nacerían el budismo y el jainismo: la tradición Śramaṇa.

     Sin mayor digresión puede añadirse que entre ambas corrientes filosóficas se entreveró una doctrina que habría de paliar el amago de las pulsiones carnales así como impeler la voluntad de experimentar a la divinidad en su estado más puro: el tantra, el «tejido», la parte esencial, sentido de la continuidad, según su origen sánscrito.

     Dado el carácter incierto y místico del tantrismo, se desconoce un origen consensuado. Por un lado, se afirma que fue el mismo Buda quien escribió los Tantra, textos en los cuales se basó la citada práctica; otros más aseveran que existía mucho antes del nacimiento del budismo. Lo evidente es que el tantra ha teñido inclusive al hinduismo, religión desprendida del camino védico.

     Quizá haya pocas doctrinas tan mal interpretadas como lo es el tantrismo. Más allá del afanoso transliterar de las lenguas, la occidentalización –y su consecuente actividad lucrativa– del pensamiento tántrico ha minado la integridad de la teoría mas no de la praxis pues, pese a la caricatura kitsch de uno de sus textos más populares –a saber, el Kama-sutra–, el objetivo de la práctica prevalece constante: conducir al individuo al reconocimiento espontáneo de la consciencia pura (representada por Śiva, el aspecto masculino de la divinidad) mediante el vehículo de la energía (representado por el principio femenino o Śakti). Tal sendero resulta exquisitamente distinto del resto de los caminos del yoga ya que concibe al practicante como uno que ya alcanzó la iluminación y, en consecuencia, se conduce por la vida como el Buda. De uno u otro tono –tan oscuro como el tantra negro, luminoso en tanto que tantra blanco, o rojo como el tantra del sexo– se asume el (los) cuerpo(s) en virtud de medio para la liberación.

     En el ámbito coloquial poco se habla del vínculo entre el tantra y el concepto de los chakras («rueda» o «disco») sin saber que es aquel en donde estos fueron concebidos, siendo asimismo otra idea que se ha venido vulgarizando hasta lo absurdo del imaginario pop. ¿Cuál es, entonces, la correspondencia entre el cuerpo físico, la energía y su emancipación de los límites de la consciencia individual?


Inducción electromagnética y nadis

     De acuerdo a la tradición yóguica, una fina red de 72,000 –según el Haṭha Yoga Pradīpikā, escrito hacia el siglo XV– canales etéricos –cada uno de los cuales a su vez se divide en 72,000 más– transporta el prāṇa («aliento de vida» o energía vital) a través del cuerpo sutil. Dicha trama de nāḍīs vena», «tubo») puede verse más o menos obstruida a medida que la energía fluye libremente o es interceptada por los denominados nudos energéticos o granthis, mismos que le impiden al prāṇa circular hacia el eje cerebroespinal: sushumna nāḍī. Algunos autores han observado la relación de la mencionada red con el sistema linfático y la presunta correspondencia de la sede de los chakras con las glándulas endocrinas más importantes del cuerpo físico.

     La tradición asegura que todos los nāḍīs se originan en dos centros: el corazón y el kanda; el segundo entendido como un bulbo ovoide situado en la zona pélvica, justo debajo del ombligo. De entre tales conductos, son tres los nāḍīs principales descritos en los textos: iḍā («bienestar», «consuelo») que yace al lado izquierdo de la espina dorsal mientras que su hemisferio cerebral es el derecho; piṅgala («marrón amarillento», «dorado», «anaranjado», «solar») al lado derecho de la columna y cuyo hemisferio cerebral es el izquierdo; suṣumṇā («misericordioso», «benevolente») que recorre la médula espinal por el centro (ver Figura 1).

     En los puntos de cruce entre las corrientes de iḍā nāḍī lunar y pasivo– y de piṅgala nāḍī solar y activo– unos vórtices energéticos se forman y alinean a lo largo de la columna vertebral: los siete chakras primordiales. Conforme a las enseñanzas tántricas, la activación de los bandhas –candados energéticos del cuerpo– acompañada de la práctica metódica de prāṇāyāma («control de la energía vital») intensificaría el agni –fuego interno– y con ello la purificación de todos los nāḍīs, despertando así la energía kuṇḍalinī que hasta entonces permanecía latente en la base de la columna en espera de ser liberada hacia y por sahasrāra chakra, aquel de la coronilla.

     El flujo vertical del prāṇa a través de sushumna nāḍī, pasando por cada uno de los siete principales centros energéticos –desde la base de la espina hasta la coronilla y viceversa–, crea un campo electromagnético al cual se le conoce en el argot esotérico como aura. ¿Qué es y cómo se origina pues un campo electromagnético?

     Un campo electromagnético es generado cuando partículas cargadas, como los electrones, son aceleradas. Todas las partículas cargadas eléctricamente están rodeadas de campos eléctricos; las partículas cargadas en movimiento producen campos magnéticos, esto es, cuando la velocidad de una partícula cargada cambia, un campo electromagnético se suscita. En otras palabras, el flujo de la corriente eléctrica –flujo de la carga eléctrica– crea un campo magnético y cuanto mayor sea aquella, más fuerte será éste. ¿Es posible el proceso inverso, i.e., generar una corriente eléctrica a partir de un campo magnético?

     En el año de 1831 el brillante físico y químico inglés Michael Faraday emprendió una serie de experimentos que lo conducirían a descubrir el fenómeno de la inducción electromagnética: producción de una fuerza electromotriz en un cuerpo expuesto a un campo magnético variable. Por medio de un dispositivo como el que se muestra en la Figura 2 –aunque más anticuado, evidentemente–observó que al hacer pasar y mover un imán entre una espira de alambre, circulaba una corriente eléctrica a través de este último.

     Se instala, no obstante, la pregunta que más compete a nuestra curiosidad: cómo inducir una corriente eléctrica en el cuerpo humano a voluntad y sin la necesidad de un agente externo.


La verdadera meditación según Yogananda

     Es estremecedoramente exacta, como una corazonada calma. La intuición es el destello de la inteligencia pura o buddhi, el discernimiento que se sabe consciente de sí mismo, libre de las impresiones sensoriales. En esta claridad es que se vislumbra una pista de la auténtica naturaleza del ser: la dualidad es una ilusión.

     El designio del yoga es disolver la aparente separación de puruṣa («el ser individual» o el que ve, el Conocedor) y prakṛti («naturaleza», «el mundo», lo que es visto o los fenómenos, la materia). El delirio de la dualidad se manifiesta en consecuencia del flujo del prāṇa por iḍā y piṅgala, excitando ambos hemisferios, conque el dominio de la energía vital mediante la respiración es el corazón del conjunto de técnicas desarrolladas en el sistema del Kriya Yoga.

     Sus practicantes lo describen como un antiguo sistema revivido en la era moderna por el mítico yogui Mahavatar Babaji –de quien se dice ser un maestro iluminado que ha vivido durante siglos en las altas montañas del Himalaya– por mediación de su discípulo Lahiri Mahashaya alrededor del año de 1861. Sin embargo, sería Paramahansa Yoganandachela de Sri Yukteswar Giri, que a su vez lo fue de Lahiri– quien traería consciencia internacional sobre esta vertiente del yoga en la década de los veinte. De acuerdo a Yogananda, los Yoga Sūtras de Patañjali contienen una descripción del Kriya Yoga en el segundo capítulo, aforismo número 49: «La liberación puede ser alcanzada por aquel prāṇāyāma, logrando la interrupción del curso de la aspiración y de la espiración».

      En palabras del autor de Autobiografía de un yogui, para experimentar samādhi –absorción total– se requiere el cese absoluto de todo movimiento y actividad del cuerpo –entiéndase respiración, actividad cerebral y metabolismo– de manera que al no estar atado al cuerpo físico, se produciría la desconexión cabal del mundo exterior, liberando a la consciencia de las ataduras del mundo sensorial.

     Por medio de una práctica lenta y progresiva de las técnicas del Kriya Yoga, idealmente se irían reduciendo las funciones corporales, llevando el prāṇa hacia sushumna nāḍī para, últimamente, concentrarlo en el cerebro y así reconocer la verdadera naturaleza del alma: sat-chit-ānanda. Cabe mencionar que debido al hermetismo de la práctica del Kriya Yoga, sus técnicas precisas resultan inaccesibles para el simple adepto curioso y es requisito ser iniciado por un maestro autorizado.

     Dentro del conjunto de técnicas de meditación se delinea una en especial, la por algunos conocida como Kriya Prāṇāyāma, que si bien no es revelada en su totalidad al principiante, consiste en concentrar la respiración y la mente con ayuda de un bija mantra –por lo común el emblemático Oṃ– en cada uno de los seis primeros chakras, en dirección ascendente y descendente ininterrumpidamente, de tal forma que sushumna nāḍī se magnetice y recoja todo el prāṇa del cuerpo, siguiendo el principio de inducción electromagnética ilustrado con anterioridad.

     La tradición sostiene que un solo minuto de la práctica sincera de dicho prāṇāyāma equivale a un año de evolución y que en algún momento del ejercicio podrían incluso distinguirse los colores de los chakras, siempre y cuando se lleve a cabo con diligente esfuerzo y consistencia.

     Para aquellas almas que emprenden el camino de la meditación, según Yogananda, sería preciso varias vidas antes de alcanzar el samādhi, aunque se afirma que han sido varios los yoguis que lo han conseguido con esta técnica.

Chakras y Como Encontrarlos
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Comentarios (1)

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  1. Andrés Gavaldón
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Excelente artículo Aurora. Debo decir que a mi me fascina y me llama la atención tanto conocer el Yoga de esos que heredaron al jainismo y el budismo. Me alegra mucho leerte y concordar tanto, me sentí muy conectado. Me aporta mucho, muchas gracias.

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