Mi práctica comenzó en los años 80's mediante la meditación en el Colegio Ignacio Vallarta en la zona azul de Ciudad Satélite. Sorprendentemente fue una monja católica, la Madre Maria Elena, quien años mas tarde se convertiría en una de las monjas adjuntas del papa Juan Pablo II. Ella nos enseñó pranayama y meditación en la primaria. Tres veces a l...a semana nos pedía que nos bajáramos del pupitre y nos sentáramos en el suelo con las piernas cruzadas, luego nos pedía cerrar los ojos y poner atención a nuestra respiración. Comenzaba entonces a hacer visualizaciones muy parecidas a lo que hoy se conoce como Yoga Nidra. Años más tarde la filósofa Siria Ikram Antaki en su programa de radio "El banquete de platón" en Radio Red me acercó al pensamiento de oriente. Todo esto influyó en un servidor de manera que al finalizar la carrera de periodismo en el año 2000 me inscribí a un Diplomado de filosofía comparada entre oriente y occidente, ahí leí por vez primera el Baghavad Gita, los Yoga Sutras de Patanjalí, el Dhammapada de Buda y El Libro tibetano de los muertos. Todos cambiaron la concepción que tenía de la vida y la muerte.  Comencé a practicar hatha yoga más por curiosidad que por beneficios físicos. Lo hice en la soledad de mi cuarto, con un DVD. Mi vida cambió. Cuatro años mas tarde en el 2004 se abría la primera shala de yoga en el Estado de México: Yoga Hé, dirigida por Ernert Goebel, una experiencia que transformó mi práctica. En el 2006, trabajé con el Alemán Johanes Galli, quien a través del método Keller kínder (niños del sótano) aprendí a liberar emociones arraigadas en el inconsciente.  Luego llegó Yoga Kendra, donde conocí el ashtanga y el restaruativo, seguí practicando hasta que en 2014 decidí tomar mi primera certificación con Paola Martínez, quien me orientó nuevamente hacia los beneficios de la practica restaurativa. Fue así como conocí la certificación de Briggitte Longueville, quien logró con sus enseñanza y su back mitra hacerme entender los beneficios de una espalda fuerte y sana. Ahí conocí a uno de los profesores más fascinantes por su amor y congruencia: David McAmmond, meses más tarde lo entrevisté en mi programa de radio por Internet y así sin pedirle nada, me invitó a un curso especial en San Agustinillo, Oaxaca. Por siete días, se convirtió en mi amigo, mentor y padrino. Fue fascinante cuando una noche antes de terminar me regaló tres de los libros que había ocupado para el curso "solo para que continúes tu aprendizaje el mundo del yoga" ¿porqué yo? -le pregunté- "porque estuviste en el lugar y momento adecuados". Pasarían algunos meses para que conociera el laboratorio Vinyasa de Alejandro Quiyono y su soul yoga, una experiencia emocionante que tomaba en cuenta la música, la poesía y el movimiento fluido del cuerpo. Tuvieron que pasar tres años más hasta que en 2018 decidí cursar la certificación de centro Kiai con Jorge Espinoza e Ignasio Simmons, solo puedo decir que gracias a su linaje de Krishnamacharya y las clases de Piluca Enriquez puedo entender cuál es el sentido que el padre moderno del yoga quería darle a la práctica y a la tan mal interpretada filosofía de lo que es realmente el Yoga. A todos mis maestros, muchas, muchas gracias. Han transformado mi existencia.  Más

OSHO, AMLO y el club de la perdición (Sobre el documental Wild Wild country)

Hace tan unos días fue electo bajo el apoyo del 52 por ciento del padrón electoral un nuevo presidente para México, AMLO. ¿Qué tiene en común con Osho? Resulta que a López Obrador no solo se le reconoce como un líder social, es también considerado por muchos de sus seguidores como un líder con tintes espirituales. Ahí su mayor debilidad...
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