Parece broma, pero está duda nació a raíz de enterarme que en la universidad dónde estudio (de tradición lasallista) se dejó de impartir la clase de yoga que tenía 20 años ofreciéndose como actividad extracurricular. No hubo un comunicado oficial ni explicación alguna, simplemente desapareció. Esa ausencia me inquietó y me hizo preguntarme por qué el yoga sigue siendo tabú en contextos religiosos, sobre todo en lo referente al catolicismo.
El yoga, antes de ser una clase de gimnasio, era un sistema filosófico nacido en la India antigua, alrededor del siglo III a.C. Los Yoga Sutras de Patáñjali describen el yoga como un camino de ocho etapas: yamas, niyamas, asana, pranayama, pratyahara, dharana, dhyana y samadhi, en el que la postura física (la asana) existía, pero ocupaba un rol secundario y el yoga en sí se resumía a sentarse durante periodos prolongados para que el practicante pudiera meditar, controlar la respiración y desprenderse de los sentidos sin la molestia del dolor corporal. No existían las transiciones dinámicas (vinyasas), los alineamientos del cuerpo ni las secuencias de fuerza. Su fin no era la salud ni la flexibilidad, sino la liberación del sufrimiento a través del control de la mente.Por lo tanto, no se puede catalogar a la práctica del yoga como solo un ejercicio corporal o llamarla religión, ya que desde su origen es una filosofía que busca la liberación, nacida e influenciada dentro del contexto hindú y budista.
Cabe destacar que en los estudios y escuelas contemporáneas no se transmite exactamente dicha filosofía antigua. El yoga postural moderno (Ashtanga, Hatha, entre otros…), no existía en los textos clásicos; de hecho surgieron a inicios del siglo XX, resultado de un cruce de prácticas físicas tradicionales de la India (ciertas formas de yoga, lucha, y disciplinas corporales), la gimnasia europea principalmente la gimnasia sueca de Pehr Henrik Ling (que se enfocaba en postura y alineación del cuerpo), la calistenia británica y el fisicoculturismo. Es decir, el yoga que hoy se practica en la mayoría de los espacios es una una mezcla moderna de ejercicios y la filosofía antigua.
Entonces, ¿Puede un practicante de la religión católica hacer yoga sin sentir que está faltando su religión? ¿O existe un punto en el que determinadas prácticas del yoga sí entran en una contradicción teológica con el catolicismo?
El documento oficial más reconocido por la fe, es la carta de 1989 formalmente titulada Carta a los Obispos de la Iglesia Católica sobre algunos aspectos de la meditación cristiana (conocida por sus primeras palabras en latín como Orationis formas); es un documento oficial emitido por el Vaticano para orientar y advertir a los católicos sobre el uso de métodos de meditación de origen oriental dentro de la oración cristiana. Menciona el yoga como uno de los "métodos orientales" que algunos cristianos usan en su oración. No lo prohíbe, señala que un cristiano puede adoptar elementos útiles del yoga siempre que no contradigan los contenidos de la fe cristiana ni desvíen el propósito de la oración, ya que para el cristianismo, la oración y la meditación es un diálogo personal con un Dios trascendente, no un simple logro mental o corporal.
Varios historiadores dicen que en el norte de México, el catolicismo creció con poca presencia del clero, ya que había muy pocos sacerdotes. También influyó el estar ubicados junto a la frontera, pues la gente se formó una identidad religiosa ultra conservadora y se acostumbró a defender su religión con uñas y dientes contra el protestantismo estadounidense (movimiento impulsado por teólogos como Martín Lutero y Juan Calvino que buscaba reformar la Iglesia Católica, cuestionando su autoridad y sus prácticas de la época del siglo XVI).
Tampoco es que esta sea la razón definitiva, pero ayuda a entender por qué hay tanto recelo respecto al yoga en Chihuahua. Muchas veces no es porque la gente se ponga a investigar o analizar, sino porque ya traen ese condicionamiento de defender su fé contra cualquier cosa que venga de fuera, sea lo que sea, sin cuestionar, sin investigar, solo a mente, oídos y ojos cerrados.
Al final todo muta según quién lo aprecie, puede ser que para alguien sean solo maneras de hablar sobre enfocarse o respirar, quizás para otra persona sea un rezo o una manera de conectarte con lo divino… Es difícil separar a un ejercicio físico o una técnica corporal de la visión de donde se originó, pero hacer ejercicios de respiración y estar en el presente no significa que automáticamente te estés afiliando a una religión.
No sé si esa clase se retiró por una razón teológica, administrativa o simplemente por prudencia ante el qué dirán. Y esa incertidumbre es exactamente el punto. Muestra que cuando una estructura religiosa no puede etiquetar, medir o controlar lo que alguien experimenta en un tapete, prefiere no incomodarse ni exponerse y optará por el silencio.
Tal vez el conflicto no es entre el yoga y el catolicismo, si no, entre las ideas y prejuicios que construimos sobre aquello que no nos hemos tomado el tiempo de conocer.
¿Cuántas de las cosas que rechazamos realmente hemos intentado comprender?
Abrir la mente no significa cerrar la puerta a nuestras creencias. A veces significa simplemente abrir una ventana para mirar afuera, volver a mirar hacia adentro y decidir, con conocimiento y no con miedo.
Fuentes:
• Carta a los obispos sobre la meditación cristiana. (s. f.). https://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/documents/rc_con_cfaith_doc_19891015_meditazione-cristiana_sp.html
• Presentación del Documento sobre la Nueva Era. (s. f.). https://www.vatican.va/roman_curia/pontifical_councils/interelg/documents/rc_pc_interelg_doc_20030203_press-conf-new-age_sp.html
• Mark Singleton, Yoga Body: The Origins of Modern Posture Practice, Oxford University Press, 2010 (trad. esp. El cuerpo del yoga, Kairós, 2018)
• Yoga Sutras de Patáñjali
• Iglesia católica y catolicismo en la construcción de la ciudadanía en Chihuahua, 1915-1931. (2025). TRACE (Travaux Et Recherches Dans Les Amériques Du Centre), 86, 107-129. https://doi.org/10.22134/trace.86.2024.903